sábado, 13 de junio de 2009
SI SE ME CAE UN DIENTE
Si se me cae un diente, un pelo,
o un beso y se hace añicos en el suelo del tiempo,
si la arruga me crece
y hay cicatrices lentas que conforman mis mapas,
apenas me sostengo en mi propia retina
cargadita de huellas y misterios.
Yo no pretendo un bloque,
ni sólidas consignas para armarme un espejo;
quiero cerrar los ojos y mirarme por dentro
con poros en el tímpano,
con trizadas señales
y hendijas con orillas.
Sospecho que el camino es hondo
y a pesar de la duda con la que bailo a tientas,
he logrado nombrar a un dios agujereado,
tan trémulo y difuso como mis propios huesos;
con él ando a los tumbos,
festejando este ciclo en el que toca el día;
con él habré de irme por la lluvia y la tarde,
sólo será un perfume
y un canto boca a boca.
LUCIANO ORTEGA
A PLENO LABERINTO
No lloro por mi mismo.
Lloro por la quimera,
por el beso extraviado en la contienda.
Me ha rodeado la muerte en una esquina
y me extirpa el oxigeno con su lengua de hielo.
La llama de una vela
se esconde entre mis huesos
y aun mi sangre protege ese tesoro
-una simple llamita en la tiniebla-
El laberinto es largo y es angosto
y queda mucho trecho en los pasillos.
Adelante o atrás,
¿cual es la senda?,
¿qué espejo es verdadero
y cuál mi rostro?
Con quienes caminaba arriaron sus banderas
y buitres ponzoñosos
me apuntan hacia el pecho.
Mi llama está cercada
y aun me pertenece.
¿Cómo será el camino si se apaga?
La tiniebla sin ojos es oscura
y con ojos también,
pero hay retina.
De pronto un reflector
me pega en el cerebro
y encandila mi esperma cegándole su fuego.
¿Cómo vendrá la cosa?
No puedo descifrarlo,
sólo se que hay un círculo
en donde giro y giro...
LUCIANO ORTEGA
RESUCITANDO
Yo no me muero no,
porque hay un canto adentro de mis huesos.
Yo ya he sido parido por los vientos.
Tengo un cántaro abierto repleto de semillas
y el fuego de mi sangre
me protege en la herida,
la cicatriz de barro me hace pisar el piso
y hundirme en las raíces
hasta engendrar la entraña.
Por eso
en este hueco que habito con la tarde
festejo la porfía de transpirarme adentro,
de sacar a la vida el grito que me ahoga,
de abrir los parietales con oreja y racimo,
de buscarme un espacio para danzar mi lluvia,
para empapar la noche,
para abrazar tu cuerpo intenso en recovecos,
para hundirme en tu vientre
y estallar en océano.
Yo empollo con mi gesto la lumbre y la mañana
y entre tus piernas busco el nido de mis besos.
El ala de mi pecho y el ala de tus senos
amamantan un vuelo a parir con el tiempo.
Yo busco en tu cintura la sangre de mi cántaro,
un tajo que penetre al fondo del cuchillo,
un rito en el silencio que me salve del pánico,
que me enrede en los hijos,
que vuelva a rescatarme en tu lengua de fuego.
Yo busco ser mi cuerpo adentro de tu cuerpo,
ser una misma sombra en medio del incendio.
Yo busco ser rodilla en tu rodilla,
ser baile en el asombro,
ser un giro completo
que me convierta en riesgo,
que me pierda en tus labios y así nos resucite,
nos reintegre a lo vivo.
Y aunque nos acribillen en una esquina tensa,
seremos lo vivido y el eco de los vientos.
LUCIANO ORTEGA
DESDE EL PATIO
Cuando me duele el alma
y me hacen una herida,
al mundo se la hacen.
Cuando matan mi silbo a plena madrugada,
asesinan el silbo del planeta.
Cada vez que mutilan a un niño en la vereda,
es a mi que me trizan y me tuercen el ánimo.
Con cada desamparo me despueblan
y abortan el ombligo en baldíos sin madre.
Soy huérfano asolado en la cuna sin casa,
en las cárceles tiesas,
en el loquero tenso con paredes roídas.
Por eso es que entre llagas
vuelvo a salir al patio,
a buscar en el baile una guitarra abierta,
una cuerda a los vientos,
tu boca con el beso
y los hijos jugando.
Porque vale la pena este parto chiquito,
este paso contiguo,
este apenas nosotros apostando al abrigo,
defendiendo la sombra que hacemos en el piso.
Porque me duele el mundo
y también la rodilla,
y porque soy dichoso
con el hombro y el pecho.
Hoy levanto lo propio
y custodio mi risa,
con lágrimas y vísceras;
y salgo al nuevo día
con redondez de vientre.
LUCIANO ORTEGA
MIENTRAS DUERMES Y ESCRIBO
No puedo descifrar
el por qué de la bruma y la distancia,
su riesgo permanente
y el beso no parido aquí en el cuerpo.
Pero se que tu duermes
en la cama de a dos que construimos
y que junto a la tarde
se desgasta entre sombras su madero,
que el sol sigue en lo alto,
arriba de las nubes,
más allá de montañas y de lunas.
Pero aquí en la vereda el tiempo crea arrugas,
pone mustias las flores
y juega en la semilla a parir nuevos ritos.
Nuestro gato maúlla sin perturbar tu sueño.
Habrás de despertarte
y yo por la cocina intentaré un café.
De todos modos
no bastará el posillo para volverse eternos.
¿Quién habrá de partir,
el tiempo o nuestro cuerpo?
No es posible en la foto quedarse detenidos,
a pesar de los gestos
y algún rasgo fugaz como grafiti.
Pero igual este rito de escribir mis porfías
y tu sueño en la pieza,
no deja de apretarnos el ombligo
y abrirnos a la fiesta del instante.
No se por qué yo escribo,
ni por qué tu descanso,
ni por qué despertarse del hechizo.
Pero el pájaro trina
en el árbol de enfrente
y el gato sigue errando
por el patio y la tarde.
LUCIANO ORTEGA
COMO RECIÉN NACIDOS
Yo no se si estaremos
despojados y abiertos como el silbo,
si habremos de parir
sin que el mar se trague nuestros besos.
La noche
aun es tensa como puma en la niebla
y hay voces de sabuesos
olisqueando la espalda.
El hilo es muy sutil
y tal vez se nos quiebre,
y el rincón de la ausencia
nos ahorque el aliento.
Hay brechas y tijeras
y segundos que caen como lluvia en la tarde.
Habrá que detenernos un instante
y tocarnos la sangre
y aquietarnos el alma
y mirar para adentro como recién nacidos.
Habrá que comprendernos
-protegernos la sombra-
e intentar la mañana
-la que brinda el ahora,
y por ahora-
y remendar rodillas y camisas,
limpiar el porvenir enlutecido,
las cosquillas del patio y el ropero;
y seguir caminando por los pies y los días.
Tal vez la dura noche se coma nuestro intento,
o tal vez nosotros nos comamos el gesto,
o quizás se alimente nuestra piel de infinito.
Tan sólo es lo que es
y nosotros y el todo,
y en el todo la nada
jugando con sus ecos.
Es así de porosa la vida que transita.
Habrá que continuar este sendero
aceptando el latido que acontece.
Porque la vida misma no es respuesta,
sino una gran pregunta
abierta aquí en el tiempo.
LUCIANO ORTEGA
A LO LARGO DEL TIEMPO
A lo largo de los años habrá de sucederte alguna vez un grano, una duda, un espejo, el estrés de una vaca, la muerte de tu perra, el descrédito.
Habrá de sucederte a cada paso, te sucedió, te sucede el instante, un ladrido a la luna, la espera, un hechizo, una pena, el lomo de tu gato, un dolor repentino, la desesperación, el examen, un ronquido, la vigilia, el insomnio, el ensueño, algunos desengaños, la risa y la osadía, el repudio, una puta, un puto, una puteada, un escándalo, el sol, una teta con su pezón lechoso, los pájaros, el lobo agazapado, un diploma, una fuga, un corral con el agua hasta el pecho, el olor de la menta, las mentas y la estafa, una escupida que caerá del cielo, el callejón sin salida, la lluvia, el llanto, la falta de un tornillo, una carga que sobra, la zozobra, el espasmo, la tos y el estornudo, una hamaca, los patios, el orgasmo y muchas abstinencias, el beso, el bofetón, los desengaños, el páramo, la meta, un pozo, una posada, la cortada de rostro, las echadas en cara, tu cara en el azogue y la soga en el cuello, la compra de un buzón, las culpas y las ramblas, la pérdida de un punto, el encuentro del pánico, un abrazo, los palos en la rueda, la ronda y los enredos, un aula, los velorios, el salto de la cerca, los cercos, el andén, las celdas y los puertos, la intemperie, las rejas, una balsa, la patada en el culo, los bozales, las cárceles internas, la fisura en el tórax, la hendija, el destiempo, lo fugaz, la fogata, la rodilla, las fugas, una aguada, el recodo, los codos, el recreo, una lucha feroz espalda con espalda, el desempleo, las cumplidas de horario, el desamparo, la soledad pasmosa y el absurdo, los parques, el semáforo en rojo, la luz verde, la delación, las colas, el hall de un hospital y los quirófanos, un desierto, un prostíbulo, las moscas, los platos compartidos, el hambre, la tristeza, el humor, la mala sangre, la sobada de lomo, la mala leche y el arroz con pollo, las chupadas de media, el nudo en el ombligo, la movida de piso, el aplauso, el silbido, un pequeño milagro, una tregua, un puente, la terapia intensiva y alguna maravilla.
Habrá de sucederte, ineluctablemente, la vida con la muerte.
LUCIANO ORTEGA
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